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MODERACION
miércoles, 4 de julio de 2012
Un cambio interesante en la cúpula educativa (LPG)
...Quien alguna vez sintió genuina pasión por la educación, no pierde esas inclinaciones; al contrario, las fortalece con el conocimiento y la experiencia de otras dimensiones de la vida.
La designación del nuevo ministro de Educación tomó por sorpresa a
casi todos los protagonistas y observadores de la educación pública en
nuestro país. Aplicando una lógica inercial, muchos habían especulado
que uno de los dos viceministros ascendería a la más alta posición para
llenar el vacío tras la renuncia de Salvador Sánchez Cerén. Sin embargo,
el presidente Funes decidió algo muy diferente al nombrar para el cargo
a su hombre de mayor confianza, hasta hoy secretario de Asuntos
Estratégicos.
En cierto sentido, Franzi “Hato” Hasbún llega al
Ministerio de Educación a continuar las mismas funciones que tenía, solo
que con un énfasis diferente, porque si algún asunto es estratégico
para cualquier país es la educación de sus ciudadanos. Ojalá esa sea, en
efecto, la visión del presidente y el mensaje oculto tras el
nombramiento. A esa tesis abona la breve explicación que dio el
presidente cuando afirmó, en una entrevista televisiva el pasado lunes,
que la educación necesitaba un nuevo impulso.
Si esa es realmente
la intención, el nombramiento es muy atinado, porque Hato ha sido
siempre un hombre creativo y apasionado. Definitivamente no es un
funcionario que se contenta con cuidar la tienda o detener la peña hasta
que termine el período presidencial.
Y para la educación es una
buena noticia tener un ministro con acceso real al presidente, porque en
lo que va del actual gobierno, al Ministerio de Educación no le han
faltado buenas ideas, lo que le ha faltado es el financiamiento y apoyo
que debió haber recibido desde un principio si la educación hubiese sido
vista como una verdadera prioridad para el desarrollo económico y
social. ¿Y qué sabe Hato de educación?, podrían preguntarse quienes no
lo conocen más atrás de su rol visible en la pasada campaña presidencial
y en el cargo político que recién deja. Yo me atrevo a decir que sabe
lo más importante que un ministro debe saber. Fue maestro de secundaria y
parte de un equipo docente que tenía mística, que trabajaba jornadas
largas, con mucho entusiasmo y dedicación, para despertar en sus
estudiantes el gusto por aprender, un equipo docente que asumió, más
allá de la estricta obligación, su delicada misión de transformar mentes
y corazones, cultivar valores, enseñar a pensar y mostrar a los
estudiantes el valor de la filosofía y la literatura para el
entendimiento de la historia y la transformación de la sociedad.
De
ese equipo docente fue parte también Héctor Samour, actual viceministro
de Educación, quien más adelante dedicó su vida, con la misma pasión, a
la docencia universitaria y a la producción intelectual. Entre aquellos
y los actuales tiempos hubo una guerra que, habiendo ocasionado
irreparables pérdidas humanas y materiales, dio paso a una oportunidad
histórica de reconciliación y de construcción, todavía en marcha, de
cultura e institucionalidad democrática. Nuestro cabello es ahora más
blanco o más escaso, pero quien alguna vez sintió genuina pasión por la
educación, no pierde esas inclinaciones; al contrario, las fortalece con
el conocimiento y la experiencia de otras dimensiones de la vida.
Queda
poco tiempo para impulsar la educación desde el actual gobierno. Los
problemas son grandes y las limitaciones muchas. La escuela es una de
las instituciones más resistentes al cambio en cualquier sociedad. Suele
hacer bien su trabajo como guardián de la tradición, pero le cuesta
encontrar la manera de convertirse en agente de cambio. Por eso es tan
importante abordar la misión de conducir el sistema educativo con la
convicción que solo pueden tener los que en algún momento han sido
artífices de procesos exitosos de cambio en la cultura institucional de
una escuela.
Con más de 50,000 maestros y varios miles de
funcionarios y empleados administrativos, el Ministerio de Educación es
la empresa más grande y más compleja que tiene El Salvador. Y en
las instituciones tiene validez aquella ley de las ciencias físicas que
establece una relación directamente proporcional entre masa e inercia.
El
error de muchos ministros de Educación es pensar que un sistema tan
grande se puede cambiar desde arriba. Espero que las nuevas autoridades
de Educación no olviden que lo más importante son los estudiantes y sus
maestros. ¡Buena suerte!
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