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MODERACION
lunes, 12 de marzo de 2012
Ahora, démosle un espacio al país” (LPG)
Los comicios de ayer sin duda han abonado un poco más el terreno de la democracia. Esto, que se puede considerar como un simple dato, si nos atenemos al significado que tiene cada evento electoral en todo sistema político liberal, no debemos minimizarlo.
Que la campaña no satisfizo las aspiraciones de muchos, es cierto; como lo es también la exigencia de seguir mejorando el proceso, con reformas que vayan, entre otras, en la línea del voto por personas, residencial y en el exterior; las candidaturas independientes y el financiamiento de las campañas. Esto último es particularmente relevante, porque si por algo se distinguió esta campaña de las anteriores es por los supuestos torrentes de dinero que le dedicaron a su promoción, particularmente el FMLN y GANA. Me atrevería a pensar, obviamente guardando las proporciones, que estos dos partidos “invirtieron” sumas superiores a las que dedican actualmente los republicanos en la nación más rica del mundo.
No cabe duda tampoco que a partir de este mismo día, todo estará enfocado en las elecciones presidenciales de 2014. Es más, desde hace algún tiempo existe evidencia (documentada) de que un personaje ha empezado una campaña de imagen, que por cierto tiene a la opinión pública muy dividida. Solo los cándidos, los ignorantes, los que subliman la política o los idólatras, no ven cómo estas acciones prematuras e insanas distraen la atención de la agenda que deberíamos tener como país.
Pero nuevamente, se caería en un idealismo extremo mezclado de una ingenuidad rayana, ignorar que los políticos en general y los grupos de interés están desde ya moviendo sus piezas para ver cómo desplazan a sus adversarios y cómo se posicionan de cara a una elección presidencial, que así como puede hacer realidad aquello de que “el cambio sigue”, puede llevarnos a ser parte, por acción u omisión, de una opción cuestionable –en un momento en que el país podría estar totalmente secuestrado por el crimen organizado, la corrupción institucionalizada y la pobreza extrema– si no hacemos algo sustantivo desde ya.
A riesgo de aparecer como poco pragmáticos, no podemos dejar de apelar a la sensatez de la clase política para que haga un alto en el camino y durante un tiempo prudencial trate de buscar puntos de coincidencia en beneficio del país. Ya la empresa privada, prácticamente le puso en bandeja un menú que, concentrado más que todo en lo institucional, pone a prueba la voluntad de nuestros dirigentes para trabajar con visión compartida, más allá de cualquier ideología.
Dicha propuesta debe ser considerada como una oferta no ideologizada para contribuir a salir de la situación aflictiva en que nos encontramos. En el plano económico y social, tenemos los desafíos del crecimiento, la sostenibilidad fiscal, la delincuencia y la vulnerabilidad ambiental; infortunadamente, esto no parece estar en una agenda de la clase política, a sabiendas de que solo a través del esfuerzo concertado podemos enfrentar con algún grado de solvencia los problemas que nos aquejan.
Pero como resulta entendible, durante la campaña los partidos ofrecieron de todo, sin tener una clara noción del impacto que ocasiona en la sociedad el contraste entre el discurso lleno de promesas con lo que ocurre al día siguiente y en todo lo que resta para el próximo evento electoral. ¿Sería mucho pedir en esta ocasión un desprendimiento temporal a la clase política para rescatar lo razonable de la campaña y contribuir así a construir una agenda de país?
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