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MODERACION

*La moderación es el proceso de eliminar o atenuar los extremos, es buscar el equilibrio.     *En la moderación se halla lo mejor en ética, en política, en economía. Por eso, Rubén Darío decía que “la moderación es el mejor de los bienes”.     La Real Academia Española define la moderación como sinónimo de “cordura, sensatez, templanza en las palabras o en las acciones”.     Son esas, precisamente, las características o cualidades que más se deben poner en práctica dentro de la política nacional.    

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miércoles, 4 de enero de 2012

Lo que nos está faltando en el país es la cultura del respeto (LPG)

En estos días, un hecho casi inverosímil ha impactado en la conciencia ciudadana: la sorpresiva destrucción del mural que desde hacía muchos años ilustraba la fachada de la Catedral Metropolitana... 

En nuestro ambiente, se fueron volviendo tradicionales en el curso del tiempo actitudes y conductas que riñen con una auténtica convivencia pacífica y democrática. Y es que en verdad hemos vivido inmersos en un proceder básicamente antidemocrático; es decir, en la práctica generalizada del irrespeto, de la arbitrariedad y del abuso. Si quisiéramos hacer un recuento histórico de los ejemplos de estos tipos de actitudes y conductas, la lista resultaría interminable. La diferencia más notoria entre lo que ocurría en el pasado y lo que ocurre en el presente es que antes todo quedaba cubierto por una densa capa de silencio y ahora hay cada vez más reacciones de rechazo y de denuncia, principalmente desde los ámbitos ciudadanos.
En estos días, un hecho casi inverosímil ha impactado en la conciencia ciudadana: la sorpresiva destrucción del mural que desde hacía muchos años ilustraba la fachada de la Catedral Metropolitana con un contenido simbólico-religioso apegado a nuestras imágenes culturales. Un día de tantos, sin decir agua va ni buscar ninguna autorización de las autoridades encargadas de la preservación del patrimonio cultural, la obra fue demolida. Ahí en el suelo quedaron los escombros de una obra que tenía ya un puesto ganado en el imaginario de la ciudad y del país.

Las reacciones no se han hecho esperar, y las consecuencias del suceso están aún en marcha. Por parte de las autoridades eclesiásticas ha habido explicaciones contradictorias y justificaciones de muy escasa fundamentación probada.
Lo que más llama la atención, de entrada, es que antes del acto demoledor no hubiera ningún aviso que permitiera pulsar la opinión ciudadana y generar un ejercicio de opciones de conservación de la obra, en el caso de ser cierto que ésta mostraba deterioros significativos o irreparables. El hecho de proceder a su demolición al estilo de los madrugones legislativos indica que lo que se quería era partir de un hecho consumado, vinieran las reacciones que vinieren. Y esto es lo que no resulta admisible bajo ningún tipo de argumento. Es esa forma de actuar la que más golpea en el sentir ciudadano, porque es una expresión de irrespeto a aquello que es básico en una sociedad que aspire a vivir en forma pacífica y democrática: la capacidad de decidir entre todos sobre la suerte de lo que material o simbólicamente nos pertenece a todos. Ejemplos tan lamentables como éste ponen en dramática evidencia que estamos necesitando de manera cada vez más urgente instalar en el país la cultura del respeto, que garantice la paz, la seguridad y la estabilidad por las que tanto se clama y se reclama desde distintos ámbitos y de diversas maneras. En países donde hay una bien arraigada conciencia del valor de lo propio sería impensable que se dieran hechos como el que estamos comentando. Y ese es un tipo de conciencia que debemos desarrollar debidamente entre nosotros. Aquí, por ejemplo, cualquiera despotrica contra los próceres históricos o se da el lujo de negar la existencia de personajes o de hechos que representan símbolos de nuestra evolución colectiva. Así vamos perdiendo asideros simbólicos de nuestra identidad, con un creciente deterioro de la autoestima nacional.
Tenemos que autorrespetarnos para que nos respeten. Y situaciones como la referida deben servir para convertir el respeto en una práctica de vida. Esto es indispensable para erradicar todas las expresiones de arbitrariedad impune que aún quedan como recurrencias del pasado.

 

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