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MODERACION

*La moderación es el proceso de eliminar o atenuar los extremos, es buscar el equilibrio.     *En la moderación se halla lo mejor en ética, en política, en economía. Por eso, Rubén Darío decía que “la moderación es el mejor de los bienes”.     La Real Academia Española define la moderación como sinónimo de “cordura, sensatez, templanza en las palabras o en las acciones”.     Son esas, precisamente, las características o cualidades que más se deben poner en práctica dentro de la política nacional.    

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martes, 13 de septiembre de 2011

Disciplina, respeto, solidaridad. .. (LPG)

Disciplina, respeto, solidaridad... - La Prensa Grafica - Noticias de El Salvador

“Necesitamos los valores que han exhibido los neoyorquinos, solidaridad, valor, disciplina, coraje, sacrificio, respeto de los demás, unión inquebrantable ante la adversidad... ¿Soñador, iluso, ingenuo? Quizá, vale la pena.”

rcastellanos@laprensa.com.sv
Los eventos conmemorativos de la tragedia del 11 de septiembre de 2011, conocido como 9.11 universalmente, fueron muy sentidos, desgarradores los documentales que revivieron los horrores vividos por quienes allí estuvieron, emocionantes y aleccionadores los actos heroicos de los rescatistas que entraron al infierno ya desatado con la misión de salvar vidas, sabiendo que podían dejar la suya en el intento, y así fue, cientos de ellos no salieron con vida, como miles de los que murieron allí. Sus cuerpos se calcinaron y se confundieron con la gigantesca nube de cenizas y escombros que se elevó sobre la zona.

Algo poco conocido emociona: cientos de miles huyeron hacia la parte baja, sin darse cuenta de que huían al extremo de la isla, de la cual solo podían escapar por agua, y la ciudad había cerrado los puentes, ferris y accesos que la unen con tierra firme. Alguien desde un ferry que conecta con Nueva Jersey lanzó una alerta llamando a cuanta embarcación pudiera acudir a rescatar sobrevivientes. Y cientos de diferentes botes de toda clase, ferris, lanchas privadas, barcazas, remolcadores, barcos de mediano tamaño, realizaron la operación de desalojo más importante de los tiempos recientes. Unos 500 mil fueron evacuados, más que en Dunquerque en la Segunda Guerra Mundial, en que una operación militar-civil evacuó a unos 340 mil soldados ingleses y franceses que estaban acorralados por las tropas alemanas, a punto de ser aniquiladas, algo que cambió el curso de la guerra.
Son muchas las emociones y las enseñanzas que dejan unas cuantas horas de revivir eventos, de presenciar la conducta de los neoyorquinos en los memoriales, en los eventos deportivos, en actos privados pequeños en iglesias, en las calles, en el metro, en los trenes, en un día en que se rendía tributo a las víctimas caídas, a los héroes que ofrecieron su vida tratando de salvarlos, y aunque remotamente, estaba presente un halo de amenaza de un nuevo atentado.
Lo que vimos fueron las mejores virtudes de ese pueblo y ciudad, coraje, solidaridad, orden, respeto por los demás, ausentes y presentes, paciencia mientras llega su turno, un carácter indoblegable ente la adversidad, con mucha emocionalidad y lágrimas en los ojos, nada de lo demás desapareció.
Los ejemplos buenos y las cosas de admirar no son solo para admirarlos, sino para ver qué podemos tomar de ellos, necesitamos tanto esas virtudes mencionadas, ese comportamiento civilizado, ese valor para enfrentar la adversidad, ese deseo de servir a los demás solidariamente por encima de los intereses propios... Nuestra sociedad necesita a gritos algo de esos valores que se han ido perdiendo y en algunos lugares no existieron nunca. Hay generaciones que no las han conocido nunca, y hoy en día sin algo de esos valores morales no iremos a ninguna parte. Estamos en un proceso de descomposición acelerada alarmante.
Constantemente escuchamos quejas y ataques contra la autoridad, sean estos: maestros, policías, funcionarios públicos de menor o mayor rango, sobre sus defectos o falta de virtudes, sus errores, “la desgracia que tenemos en este país de ser gobernados por gente así”... Sin defender a los funcionarios que son acreedores o no a los que se dice... en muchas quejas tienen toda la razón.
Pero las cosas andarían mejor si el resto de los que no manejamos nada en la cosa pública evolucionáramos en virtudes sociales que nos permitirían dar un gran salto y entre más seamos mejores. Mientras más ciudadanos mejores haya, habrá más capaces de convertirse en mejores funcionarios. El ciudadano renovado produciría entre otras cosas el funcionario renovado.
Valores, orden, disciplina, respeto por los demás por encima del interés propio, unión nacional inquebrantable ante la adversidad, la humildad del grande...
Ante algunos sonaré como soñador; iluso ante otros. Más de alguien creerá que he perdido la razón... Quizá unos cuantos crean que vale la pena repensar esto y tratar de rescatarlo. Con eso me doy por satisfecho.

 

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